CAMINO A BUENOS AIRES

Nos despedimos de Chile, por última vez en este viaje pero no para siempre, nos gustaría volver. Entramos a Argentina y seguimos hacia el norte, pasando por Rio Gallegos, por Piedrabuena, una ciudad famosa por sus murales y llegamos hasta Puerto Santa Cruz ese día. El siguiente, fuimos en el carro hasta una playa llamada Punta Quilla y después de una caminada de 2km con un viento fuertísimo, subimos un poco para buscar entre los arbustos a los pingüinos magallánicos que descansaban tranquilos. Los encontramos y nos devolvimos felices de haberlos visto.
Volvimos a tomar dirección al norte, pasamos, sin darnos cuenta, por el bajo San Julián (el punto topográficamente más deprimido del continente suramericano) y llegamos a Puerto San Julián, una ciudad pequeña con una arquitectura particular, llamada magallánica, que se caracteriza sobre todo por tener colores muy vivos. Allí conocimos una réplica, en tamaño real, del Nao Victoria, una de las embarcaciones de la expedición magallánica y de paso, aprendimos un poquito de esa historia tan trágica e interesante. Al final del día hicimos un circuito turístico costero: 24 km de carretera alrededor del mar, con unos paisajes y acantilados hermosos, también se puede ver una enorme fábrica abandonada y algunos restos de minas de carbón.
Siguiendo en la ruta hacia Puerto Madryn, nos desviamos 50 km para conocer un bosque petrificado. Un bosque de Araucarias que existió hace 150 millones de años, antes de que se formara la Cordillera de los andes, por vientos muy fuertes los árboles se cayeron y luego una explosión de cenizas de un volcán los cubrió por completo, las células de los árboles absorbieron el sílice y hoy se ven y se sienten como rocas.
Después de una noche en Caleta Olivia, llegamos a Trelew, una ciudad en la que se nota mucho el mestizaje de los Tehuelches (nativos) con los Welsh (inmigrantes galeses). Desde ahí fuimos a conocer Punta Tombo, el lugar donde se encuentra la colonia de pingüinos magallánicos más grande del mundo, los vimos de todos los tamaños, adultos y bebés, solos, acompañados, con huevos, nadando, durmiendo, caminando y hasta atravesándose entre la gente.
Volvimos a Trelew para conocer el Museo Paleontológico, que, según leímos, tiene una de las mejores colecciones de Suramérica en este tema. Vimos muchos huesos de dinosaurios y otros animales ya extintos y hasta unos espectaculares huevos de dinosaurio petrificados. Este museo nos hizo sentir chiquitos en este mundo, el postre perfecto para una buena crisis existencial.
Salimos de Trelew ese mismo día y llegamos a Puerto Madryn, que está en la barrera del Golfo Nuevo Bay. Desde ahí salimos al día siguiente a conocer la famosa península de Valdés, pero, desafortunadamente el clima no nos ayudó mucho y no pudimos hacer avistaje de ballenas. Sin embargo, pudimos ver algunos pingüinos, unos paisajes muy bonitos y conocer los elefantes marinos.

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